jueves, 3 de julio de 2008

CONSUMISMO Y CAPITALISMO









Consumismo es un término que se utiliza para describir los efectos de igualar la felicidad personal a la compra de bienes y servicios o al consumo en general. El caso es ejemplificado por la frase Cuanto más consumo, más feliz soy. También se refiere al consumo desmedido de bienes y servicios en la sociedad contemporánea que impacta seriamente en los recursos naturales y el equilibrio ecológico.
Prueba de esto es el hecho de que el consumo de recursos de la sociedad estadounidense, de aplicarse en todo el planeta, requeriría los recursos de dos planetas más iguales a la Tierra para sustentarlo.
El consumismo inicia su desarrollo y crecimiento a lo largo del Siglo XX como consecuencia directa del capitalismo y de la mercadotécnia asociada; ésta última tiene como uno de sus objetivos crear nuevas necesidades en el consumidor de modo de aumentar las ventas de los productos. El consumismo se ha desarrollado principalmente en el mundo occidental haciendo popular el término antropológico social sociedad de consumo, que se refiere al consumo masivo de productos y servicios por una sociedad determinada.
CAPITALISMO
La explotación del ser humano por razones económicas es una razón más dentro del amplio abanico de motivos por los que se oprime a la humanidad.
A lo largo de toda la historia se ha perpetuado la dominación de una minoría privilegiada sobre una mayoría desposeída y sometida. Esto supuso la apropiación desigual de los medios de producción y de los bienes de uso, lo que dio origen a la propiedad privada y la explotación del ser humano por el mismo ser humano.
Esta situación de desigualdad que padece la humanidad es una aberración, que es sostenida y protegida por la monopolización de la llamada “violencia legítima” -mediante la coacción por medio de la fuerza- que se encuentra en manos de estas minorías que se instituyeron a sí mismas como poder “legítimo”.
El Poder mantiene su status obstaculizando al ser humano obrar espiritualmente y anulando su capacidad de autodeterminación. Alcanza tal nivel de sometimiento ayudado por mecanismos autoritarios que él mismo instituye en la sociedad y que modelan la conciencia de las personas. A través de sus instituciones crea ficciones sociales que aplican la coacción física y psíquica, tales como los aparatos militares y policiales, las religiones, los sistemas educativos, los estados, los gobiernos, la familia, la ciencia, la moral, etc.
La concentración de poder que se sustenta en la propiedad privada ha extremado estas condiciones inhumanas en lo que es el sistema capitalista, que no deja un solo espacio de la Vida que no esté sometido a su poderío. El desarrollo tecnológico y la apropiación de los medios de producción son los pilares del sistema capitalista. El mismo Sistema genera y reproduce las condiciones de explotación que lo perpetúan, pues se nutre de la pobreza de miles de millones de personas, la degradación ecológica de la Tierra, el trabajo y el sufrimiento de muchos para producir la riqueza de unos pocos.
El Poder se sustenta en la autoridad, la jerarquía, el Estado y el capitalismo. El poder implanta el capitalismo y con él una escala de valores pervertida. Esta escala de valores depravada y corrompida que el Poder establece coloca a la humanidad por debajo de la propiedad. La explotación del ser humano por el mismo ser humano es expresión más certera del sistema de valores que sostiene al capitalismo.
El capital, que es una pura invención de la mente, que únicamente tiene la realidad que el ser humano le quiera dar, emplea y destruye al mismo ser humano, a su vitalidad y creatividad. Dentro de la escala de valores capitalista, el capital está por encima que la mano de obra, la acumulación de riquezas se encuentra en un escalafón más alto que el ejercicio de una vida espiritual.
El capital da empleo al trabajo, no el trabajo da empleo al capital. La persona que posee capital posee también autoridad y manda sobre la persona que “solo” posee su vida, sus habilidades humanas, su vitalidad y su productividad creadora. Las “cosas” valen más que las personas. El conflicto entre el capital y el trabajo es mucho más que un conflicto entre dos clases, más que una lucha por una porción mayor del producto social. Es un conflicto entre dos principios de valor: el del mundo de las cosas, y su acumulación, y el mundo de la vida y su productividad.
El capitalismo sólo valora la persona como poseedora de determinada cantidad de mercancía llamada "potencial laboral", en otras palabras, el ser humano representa para el capitalismo un mero objeto. En vez de ser valorada como una persona, como un ser humano único con valor moral y espiritual intrínsecos, para el capitalismo sólo cuenta el precio que cada uno tiene –que depende del beneficio económico que puede sacar de él.
Esta desvalorización del ser humano toma cuerpo especialmente el trabajo, donde pasa tanto tiempo. Significa una agresión que afecta a su auto-imagen y que, a su vez, se refleja perjudicialmente en otras áreas de su vida. Si uno es visto como mercancía en el trabajo, uno llega a verse y a ver a los demás de la misma manera. De esta forma, todas las relaciones sociales y todas las personas quedan atrapadas en una escala de valores mercantilista.
Bajo el capitalismo, literalmente no hay nada sagrado, "todo tiene un precio", ya sea la dignidad, el amor propio, el orgullo, el honor, todo se convierte en mercancía a la venta. Tal rebaja produce un buen número de patologías sociales. El consumismo es un ejemplo de la mercantilización del ser humano bajo el capitalismo.
Ya no se suele tener una relación personal con las cosas que una persona utiliza. En esa relación personal los objetos “adquieren” la personalidad de quien las emplea. Ahora, las cosas se poseen para usar y tirar. También se considera así a las personas, como cosas a las que usar para el propio beneficio y cuando no sirvan tirar, como mercancía que se encuentra en el mercado labora y que no pueden tener personalidad propia.
Sin embargo, el ser humano aún siente la necesidad de tener y de ejercer una personalidad propia, fruto de una vida enteramente espiritual. Es una profunda necesidad, un enorme vacío que trata de llenar consumiendo. La ilusión de felicidad, de que sentirá su vida completa si obtiene un objeto más, le lleva a consumir. Desgraciadamente, puesto que los bienes no son más que cosas, no puede proveerse de un substituto ni de la personalidad ni de una vida espiritual, y así el consumo tiene que reanudarse una y otra vez. Este proceso, por supuesto, esta alentado por el Poder, que trata de convencernos para que compremos lo que no necesitamos, porque esto nos hará más populares, sexys, felices, libres, etc.
Pero, en realidad, esas necesidades no pueden satisfacerse por el consumo, por la compra de objetos materiales. Esas necesidades, tan profundas, sólo pueden satisfacerse ejerciendo una vida espiritual. Sólo entonces se produce un intercambio en la comunidad basado en valores humanos, fundamentado en el trabajo creativo y autogestionado.
Por supuesto, esto no quiere decir que se deba estar en contra de niveles de vida más altos o en contra de los bienes materiales. Al contrario, la libertad y una buena vida sólo son posibles cuando uno no tiene que preocuparse de tener alimento suficiente, domicilio decente ni de cubrir las demás necesidades básicas. Libertad y 8 horas de trabajo diarias no son compatibles, como tampoco lo son la igualdad y la pobreza o la solidaridad y el hambre. Sin embargo, el consumismo es una aberración causada por la ética inhumana y enajenante del capitalismo, que ayudado por la ignorancia, la falta de personalidad, dignidad y espiritualidad del rebaño, aplasta a la humanidad.